Unos 33 mil médicos han huido de la crisis humanitaria compleja en Venezuela, que atenta contra la vida e imposibilita el correcto ejercicio de la medicina. Una pérdida irreparable para un país castigado por la pandemia.

Suramérica es el refugio del 80% de los médicos que decidieron irse.

Tres historias recogidas en Argentina, Perú y Venezuela reflejan las complicaciones existentes en los procesos de revalidación de títulos, condiciones de trabajo desfavorables, posibilidad de integración según el presidente de turno, así como actos de xenofobia y discriminación.

Pero también la vocación de servicio, ánimo de superación y compromiso ejemplar de miles de médicos que, sin olvidar su tierra, quieren cuidar la vida de sus nuevos vecinos.

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Atilio Galindo representa a uno de los 2 mil médicos que, hasta 1999, se graduaron en las universidades públicas en Venezuela. Como muchos, su aspiración era formarse y ejercer en el país. Pero, desde entonces, ha sido testigo de cómo el gobierno de Hugo Chávez desmontó el sistema de salud y construyó uno paralelo con personal médico cubano. Su ganas de contribuir al país desde su profesión se fueron desvaneciendo frente a las carencias de la red hospitalaria, los sueldos de hambre y las limitaciones de servicios públicos que atentan contra la vida de los pacientes.

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Datos

Miles de médicos han huido de la crisis humanitaria en Venezuela y los países de Suramérica son su principal destino.

CRÉDITOS

Coordinación editorial: Ginna Morelo. Periodistas: Mirelis Morales Tovar (Perú), Gabriel Pecot (Argentina), Alicia Pepe (Colombia), María José Vargas (Perú). Guion : Mirelis Morales Tovar. Ilustración: Ricardo Macia. Diseño y desarrollo web: LUDA.

Agradecimiento: Carlos «Caque» Armas; Dr. Jaime Lorenzo, Director de la ONG Médicos Unidos de Venezuela; Patricia Marcano; Dr. Douglas Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana; Dr. José Félix Oletta, exministro de salud 1997-1999.

Esta investigación es el resultado del taller “Refugiados y Migrantes: cómo cubrir el caso venezolano”, que auspició la Fundación Gabo y Acnur.