Medicina de guerra

El Zulia ha sido uno de los estados más afectados en Venezuela por la pandemia, después de Caracas. Las cifras oficiales registran más de 9 mil casos confirmados, hasta el 15 de diciembre. Pero no muchos se fían de esos números. Lo que no hay duda es que el Covid-19 está matando a los médicos en esa entidad, ubicada al occidente del país. De acuerdo con la ONG Médicos Unidos de Venezuela, han fallecido al menos 60 médicos y 11 enfermeras en esa región, que a duras penas batalla con una pandemia sin agua, sin luz, sin gas y sin gasolina.Frente a esta situación, los médicos en Venezuela se enfrentan al dilema de tener que dejar morir a los pacientes, ver fallecer a sus colegas y poner en riesgo sus vidas.

Ante la impotencia, muchos médicos tienen la intención de dejar el país.

Transcripción

 

Locutor:

Ella es la doctora Marlene Esis, médica especialista en cirugía general y miembro de la Directiva del Colegio de Médicos del Zulia, estado fronterizo entre Venezuela y Colombia.

 

Dra Marlene Esis: 

Así he decidido llamar el cuarto mío, o mejor dicho, mi cuarto, mi habitación, de ahora en adelante. Hasta… creo yo que enero, febrero, marzo. Quizás, abril, del año que viene. 

Señores, la situación está súper, súper, extremadamente peligrosa en el estado Zulia. 

 

Locutor: 

Este llamado de alerta que hizo la doctora Marlene estaba dirigido exclusivamente a su familia, pero el mensaje terminó viralizándose por WhatsApps ante el crítico cuadro que revelaba, en un país cegado por la censura y las limitaciones de conectividad.

 

Dra. Marlene Esis:

Desde mi claustro lo digo. Yo salgo a trabajar porque obviamente soy médico y tengo que salir a trabajar con mucho pánico, con mucho terror, extremando las medidas, con traje manga larga, que se suponen que son impermeables.

Y vivo aterrada. Aterrada. 

 

Locutor: 

Desde que comenzó la pandemia, la doctora Marlene asegura que está en un estado de alerta permanente, que la ha llevado a extremar las medidas sanitarias.

 

Primero, por las condiciones del sistema de salud. Luego, por ser población de riesgo. 

 

A sus 68 años, presenta una cardiopatía con arritmias y bloqueo de rama izquierda del corazón. Es hipertensa controlada y tiene un síndrome metabólico, que le hace sufrir dislipidemia, obesidad y problemas con insulina

 

Dra Marlene Esis: 

Ya estoy, de verdad, paranoica. 

No es nada agradable que tú recibas un informe que te diga que en la morgue del Hospital Universitario están entrando entre 18 y 20 cadáveres al día, al día y nadie dice nada. 

 

Locutor: 

El Zulia ha sido uno de los estados más afectados en Venezuela por la pandemia, después de Caracas. Las cifras oficiales registran más de 9 mil casos confirmados, hasta el 15 de diciembre. Pero no muchos se fían de esos números. 

Lo que no hay duda es que el Covid-19 está matando a los médicos en esa entidad, ubicada al occidente del país.

Dra. Marlene Esis: 

Vengo del Colegio y estamos esperando que se nos muera el médico número 60. Tenemos uno que está muy malito en su casa y no hay ninguna parte donde se pueda meter, porque no hay con qué ayudarlo. Bueno… hoy estoy triste.

 

Locutor: 

El dolor de la doctora Marlene es reflejo de lo que viene denunciando la ONG Médicos Unidos de Venezuela. Hasta mediados de diciembre, han fallecido al menos 60 médicos y 11 enfermeras en esa región, que a duras penas batalla con una pandemia sin agua, sin luz, sin gas y sin gasolina. 

Este es el doctor Freddy Pachano, director del posgrado de medicina de la Universidad de Zulia. 

 

Dr. Freddy Pachano:

La escasez de servicios públicos hace que las condiciones sanitarias del país sean precarias y favorezca a una alta tasa de contagios. El no tener agua para el lavado de las manos, para el lavado de los sitios donde acude gran cantidad de personas hace que sea muy fácil la transmisión. 

 

Locutor: 

A ello se le suma la escasez de gasolina, que impide que las personas se desplacen de manera segura. Así como las deficiencias en el transporte público, que resulta insuficiente y promueve aglomeraciones, que facilitan el contagio. Y para rematar… 

 

Dr. Freddy Pachano: 

El no tener electricidad para permitir un funcionamiento adecuado de ventilación de los espacios cerrados hace que sea muy factible y que sea más fácil el contagio de esta terrible enfermedad. 

 

Locutor: 

El diagnóstico del doctor Pachano demuestra el estado de vulnerabilidad en el que se encuentra el estado Zulia, para afrontar la pandemia. 

 

Ello sin contar que la red hospitalaria y ambulatoria del estado está colapsada, con más de 70% de los pabellones cerrados. Casi todos los ascensores están dañados, no hay insumos médicos ni medicamentos y tampoco personal, según los reportes del Colegio de Médicos de esa entidad. La doctora Marlene Esis, de nuevo, nos cuenta: 

 

Dra. Marlene Esis: 

No hay agua, no hay oxígeno, la electricidad también falla. El acceso a las áreas álgidas es complicado. 

En Venezuela, la situación es realmente crítica, pero los médicos seguimos trabajando.

 

Locutor: 

El primer contagiado de Covid-19 en el estado Zulia se registró a mediados de marzo. Se trataba de un hombre de 55 años, que regresaba de España. 

 

Los casos dentro del personal médico se presentaron poco después. Una de las primeras en ser diagnosticada fue la doctora Anayel Miquelena, quien salió positivo a finales de mayo. 

 

Dra. Anayel Miquelena: 

Cuando llegó la pandemia en los primeros meses del año fui una de las primeras que se contagió en el hospital, pero, gracias a Dios, fui uno de esos pacientes asintomáticos, que nunca tuvo ningún síntoma.

 

Locutor: 

En ese momento, había mucho desconocimiento en Venezuela sobre el manejo de la enfermedad. Así que a la doctora Anayel –que es residente de cirugía general– la obligaron a permanecer aislada por 36 días en un motel, que servía como Punto de Atención Social Integral, también llamados PASI. 

 

Las primeras dos semanas de encierro tuve que sobrevivir con sólo dos mudas de ropa, porque no permitían el ingreso de sus pertenencias. 

 

Otros días pasó hambre, porque la comida nunca llegó.

 

Hoy, no quiere hablar más de eso. 

 

Prefiere encomendarse a Dios. Una y otra vez.

 

No sólo porque se siente desprotegida para combatir el virus y atender a los pacientes, sino también porque no tendría capacidad para cubrir una atención digna en caso de contagiarse de nuevo, pues el sueldo que recibe por arriesgar su vida si acaso llega a los 10 dólares mensuales.

 

Dra. Anayel Miquelena:

Ser médico en este país no es fácil, porque lastimosamente los hospitales del país no cuentan con los insumos necesarios, con la infrestructura necesaria para poder trabajar, un salario que no alcanza para nada. Una medicina de guerra. 

 

Locutor: Lo que le genera mucha impotencia, porque ello le impide cumplir con su labor de salvar vidas. 

 

Dra. Anayel Miquelena:

¿Qué situación he tenido que afrontar durante la medicina? Pues ver morir a los pacientes en la emergencia porque no cuentas con las cosas necesarias para poder ayudarles a ellos y, a veces, nos toca dejarlos morir. 

 

Locutor :

Pese al colapso del sistema de salud, la doctora Anayel asegura que nunca se ha cuestionado su profesión. Incluso, afirma que si volviera a nacer escogería de nuevo ser médica. 

Ella –al igual que muchos de sus compañeros– pensaba ejercer en Venezuela. Pero, de un tiempo para acá, la idea de irse del país se ha vuelto recurrente. 

 

Dra. Anayel Miquelena:

Por mi cabeza no pensaba migrar, porque mi sueño y mi meta era hacerlo todo aquí. Pero, en vista de la situación país, ya es insostenible vivir en Venezuela. De verdad, que sí, deseo irme del país. No lo he hecho, porque lastimosamente no tengo los papeles listos y sin los papeles no me puedo ir.

 

Locutor: 

La encuesta nacional de médicos y estudiantes de medicina reveló que en 2017 por los menos 75% de los médicos que aún residen en Venezuela tenían intenciones de migrar. 

El panorama actual no debe ser muy diferente.

A la fecha, más de 33 mil médicos se han ido del país, de acuerdo con la Federación Médica Venezolana.

Y el exministro de Salud, José Oletta, se lamenta que no parece haber manera de frenar su huida. 

 

Dr. José Oletta

Una de las cosas más dificiles que vamos a tener hacia el futuro es precisamente procurar ese retorno del médico y del profesional venezolano de la salud al país.

 

Locutor: 

Cálculos de Oletta revelan que, durante la década de los noventa, cada médico  que se formaba en el país representaba para el Estado una inversión de 500 mil dólares. 

 

Obtener un dato actualizado resulta complejo por la distorsión económica, producto de la hiperinflación y la devaluación de la moneda.

 

En cualquier caso, queda claro que el éxodo del personal médico no sólo supone una pérdida de capital humano sino también una pérdida económica, que no será sencilla de recuperar.